LAS
COSAS ESTÁN CAMBIANDO
El "partido" de gobierno se encuentra bajo la tentación autoritaria de hacer lo que le venga en gana. Y para ello no repara en violentar preceptos legales y erosionar la Constitución. Desde la modificación de la jurisdicción de ciertos contenciosos laborales -en medio de demandas en curso-, pasando por la relajación de los controles legales al régimen de compras de las empresas públicas -pulverizando así los requisitos del Tocaf- hasta una serie de facultades inspectivas del Estado sobre las personas. Todas ellas constituyen acciones -entre otras- que revelan un avasallamiento grosero del Estado de Derecho.
En definitiva, estas conductas dan cuenta de un Estado crecientedmente autoritario, que hace lo que se le va ocurriendo y que se siente legitimado para ello desde una concepción refundacional de la cosa pública. En el fondo, revelan un desprecio profundo por los derechos de la gente y un endiosamiento del aparato burocrático estatal. Revelan que el viaje a la modernidad no ha sido tomado muy en serio por muchísimos gobernantes y que en un examen de "respeto básico a las normas de la democracia" serían muchos los reprobados por ignorar el abecé de la separación de poderes y de sus límites.
En relación a lo político, las cosas no son muy distintas. Primero fue la reelección presidencial bajo un formato jamás aclarado. Nunca nadie en nombre del gobierno, de manera más o menos en serio, recorrió un camino jurídico constitucional de reelección posible. El asunto era expresar que se podía usar esa arma política para ganar a como diera lugar y así se hizo. Tuvo que aparecer el propio Presidente -a las cansadas- para bajarle las revoluciones al asunto y así calmar tanto a su interna como a la oposición que advertía excesos del poder de imperio. Claro, la cosa ya no daba para más y no hubo más remedio que recordar las normas jurídicas. Ahora es el balotaje y su eventual eliminación. De vuelta a manosear la Constitución a gusto y placer de las mayorías circunstanciales y no de lo que todo el cuerpo electoral entienda conveniente. En suma, toquetear el marco jurídico fundamental para acomodarlo a las necesidades electorales de corto plazo de la "fuerza política" gobernante.
Este gobierno vive haciendo cálculos de qué le conviene para estirar en el tiempo su proyecto hegemónico. Es evidente que ya no tiene el cincuenta por ciento del electorado porque entre Astori y su Irpf, Gargano y el horrendo manoseo argentino que vivimos cada diez días y la "entusiasmante" reforma de la salud, se conforma un panorama básico de molestia e incomodidad de muchos ciudadanos frentistas hacia su propio gobierno. Es más, ya no aparece ese pariente o amigo frentista que en cada reunión social vociferaba sobre las bondades de su gobierno. Ahora llegamos a la paranoia en la que hay tantos que se quejan que uno se pregunta dónde están aquellos que los votaron. Ya nadie quiere asumir la paternidad de este gobierno. Las cosas están cambiando.
Es posible que la oposición, ahora, se encuentre con una posibilidad que, al inicio de este gobierno, parecía lejana. Es posible que si del lado opositor se profundiza un contralor agudo y se formulan propuestas maduras para ubicar al país en la realidad y no en un sueño irresponsable, se configuraría la enorme oportunidad de alcanzar el gobierno y orientar al país hacia un tiempo distinto.
El gobierno -ya lo sabemos
por estas tristes señales- va a hacer todo lo que esté a su alcance
para seguir en el poder. Desde descalificar a la prensa, hasta el armado de
redes clientelístico-prebendarias bajo el título de "políticas
sociales", pasando por acciones que ya se pueden oler. No va a ser fácil,
porque están dispuestos a mucha cosa. Hay que estar con los ojos bien
abiertos y socializar al país sobre la importancia de velar por la democracia.
Si la gente está consustanciada, la batalla se podrá dar a fondo
y así dirigirnos hacia una República más moderna, que entierre
definitivamente un modelo autoritario que sigue anclado en el pasado. Pero para
eso hay que moverse. Con hablar y criticarlos no alcanza. En éso, aunque
duela admitirlo, ellos fueron un ejemplo de activismo militante permanente.