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Las Fuerzas Dormidas

Como es notorio, estamos ya en plena campaña electoral. Así lo ha querido el presidente Vázquez, quien faltando casi dos años para finalizar su gestión
de gobierno liberó de sus investiduras ministeriales a los principales dirigentes del oficialismo y los mandó a juntar votos. Cosa a la que éstos se abocaron con entusiasmo.

No tenemos aun certezas sobre quien será el abanderado del oficialismo. Si será Mujica -como lo quieren la mayoría de los frenteamplistas- o si será Astori como lo prefiere el presidente. Con estilos y desde investiduras diferentes, los dos están ya lanzados para que el dedazo, el consenso, el plenario, la mesa política o la elección
interna los favorezca. Uno, cual mandatario, recorriendo países vecinos y pregonando con lenguaje soez su mensaje en esquinas y plazas montevideanas.
El otro, olvidando que su deber es cuidar de los dineros públicos, lanzando sobre los bolsillos de los agobiados contribuyentes las consecuencias de un verdadero carnaval electoral.Lo cierto es que cualquiera sea al que en definitiva debamos enfrentar,
estamos en la posibilidad cierta de que de ganar nuevamente el Frente Amplio el programa se profundice y radicalice?, como lo reclaman con insistencia ?las bases? y para complacerlas lo anuncian los principales voceros del
conglomerado Ante ello está lo que ya se admite en todos los estamentos del pensamiento político; lo afirman hasta los dirigentes más representativos del oficialismo. Está la alternativa Lacalle?. A estos temas se refirió Luis Alberto. Lo hizo en el artículo que reproducimos:Las fuerzas dormidasLuis Alberto Lacalle Las que siguen son reflexiones que pretenden alejarse de lo cotidiano, de la
lucha política que nos envuelve y entusiasma pero que también nos quita el tiempo necesario para que la mirada llegue un poco más arriba y adelante, oteando el mañana y adivinando las grandes líneas del futuro. Inevitablemente, tendremos que llegar a que ésta sea la esencia de los
próximos enfrentamientos electorales; a que sea la materia prima de las discusiones y los eventuales debates. De lo contrario, nos quedaremos en lo adjetivo del enfrentamiento, en lo minucioso de la lista de candidatos, en la visión parroquial y aldeana, que -teniendo su lugar- no puede sustituir a
las grandes l?neas de pensamiento que son las que marcan la diferencia de nivel entre el mero episodio electoral y las grandes opciones que, mediante el mismo, se ponen a consideración de los ciudadanos. Partimos de la base de que la actual administración no ha llenado las
expectativas que se generaron con su rotunda victoria, la obtención de todas la llaves del poder y el gran capital de ilusión con que se contó al inicio del período. Constatamos un hecho: no ha habido un lineamiento claro de conducción que lograra una convergencia de los dispares movimientos integrantes del Frente Amplio; no se ha llevado a cabo un plan homogéneo e integral de gobierno que
conjugue los esfuerzos, ni siquiera se ha ingresado en el camino de la revolución radical que muchos, dentro del gobierno, hubieran preferido y habían anunciado. Este gobierno ya fue el futuro. Hoy, aún en lo que le resta por delante, es pasado. Habiendo podido ser el inicio de una nueva época ha sido el final de otra, la pasada, la de los mecanismos agotados y demostradamente inoperantes. Nuestro país padece de sobrediagnóstico.

sLlenas están las estanterías de planes y de resultados de comisiones técnicas, de informes de cuanto organismo internacional se piense. Miles de consultores han mirado de arriba abajo, de un costado a otro nuestra realidad. El término futbolístico de "mediocampismo" acude inevitablemente en nuestra ayuda, para transmitir el pensamiento. Unido esto a un cierto temor al ejercicio de la autoridad, que es otra característica de muchos de nuestros gobernantes. Hemos visto que no es buena esta combinación y que ni siquiera en un momento de tremenda prosperidad, de precios internacionales que no se veían hace un siglo, logramos arrancar del molde más que centenario de nuestra producción, hijos de la fotosíntesis y de la pradera, como en los primeros días de nuestra historia. Todo este sentimiento, esta constatación, acarrea un gran peligro.
Puede hacer caer en la trampa mortal de la desesperanza, puede caber que se llegue
a la falsa pero no menos posible conclusión de que nada se puede hacer, de que el mecanismo democrático no es idóneo para lograr resultados eficaces, en el sentido de abrir las puertas a un tiempo mejor. Nos rebelamos contra ello. Creemos que después de esta experiencia de
gobierno, más que nunca es posible plantear una opción democrática pragmática, un par de líneas de conducción gubernativa que logren despertar las fuerzas nacionales dormidas que están prontas a desarrollarse si se les crean las condiciones. No pretendemos sintetizar en estas pocas l?neas un
plan de gobierno. Simplemente marcar dos o tres acciones conducentes a ese despertar de progreso y prosperidad. Analicemos cuatro dimensiones de la realidad nacional que pueden ser la
base. Son ellas, la extensión territorial en tierra firme, el territorio marítimo y el subsuelo, pero sobre todo la inagotable dimensión de la mente humana que en los tiempos que vivimos es la gran generadora de riqueza. Cultivo de la tierra, navegación, pesca y subsuelo marítimo, minería generalizada y creación de la mente convertida en propiedad intelectual, son los factores de progreso que esperan para desarrollarse plenamente. ¿Qué necesitan para ello? Fundamentalmente dos cosas: seguridad jurídica y
mercado de capitales. Ambas son responsabilidad del gobierno, ambas dependen de normas jurídicas claras y duraderas. Lo demás vendrá por añadidura. Lo hará la libertad creativa del ser humano buscando su progreso y provocando
el de los demás. En el mundo, en nuestro país, sobran los capitales, abundan las ideas y existen hombres y mujeres animosos que no necesitarán irse de la patria para poder realizar sus potencialidades. Seguridad jurídica implica reglas estables y predeterminadas, capacidad de
obtener sentencias con cierta rapidez, poder cobrar los créditos, un sistema impositivo claro, simple y justo y un Estado que deje generar energía libremente, al desmonopolizar y desburocratizar. Mercado de capitales es poder acudir a la bolsa de valores a buscar capital abundante que, viendo
oportunidades de ganancia, se vuelque a la actividad de riesgo con el sano objetivo de obtener una legítima ganancia. Ahí están los dineros de los trabajadores, depositados en las AFAP. No se les puede obligar a invertir.
Sí lo harán cuando sus administradores adviertan que mediante la claridad que ofrece una bolsa de valores más abarcadora, pueden arriesgar con garantías sólidas de poder cobrar su eventual dividendo. Así funcionan los países exitosos. Así se logra crear prosperidad propia, empleo para los demás e impuestos para los gobiernos. Es tarea de los gobiernos crear este marco de seguridad y certeza, para
luego dejar actuar a las fuerzas nacionales que hoy duermen, a la espera de
que se les permita desarrollarse.

Sí lo esperan que se las despierte.