| EL
INCREIBLE TEMOR A LA ELECCION
El
tema de las elecciones internas de los partidos políticos
uruguayos dispuesta por mandato constitucional, es de vital
importancia en la vida política e institucional del
país. No es admisible entonces, sea transformada en
un devaluado formulismo, que torne esa elección nacional
interna, en la mera ratificatoria de un candidato único
designado desde alambicados acuerdos intramuros previos para
taklear a otros, y que son instrumentados de espaldas a la
ciudadanía, tal como está constitucionalmente
previsto.
La letra constitucional es clara: "Los partidos políticos
elegirán su candidato a la Presidencia de la República
mediante elecciones internas…"
"Podrán
votar todos los inscriptos en el Registro Cívico. Se
realizarán en forma simultánea el último
domingo de abril del año en que deban celebrarse las
elecciones nacionales por todos los partidos políticos
que concurran a estas últimas.
El
sufragio será secreto y no obligatorio".
La
Constitución de la República, establece entonces
un candidato único por partido que deberá resultar
electo obligatoriamente en una elección nacional. Hacer
otra cosa o ir con un solo candidato a esa elección,
es falsificar el mandato político de la constitución
nacional.
Parece
no evaluarse en debida forma que la elección interna,
y solo ella, es la que determina en forma simultánea
y en el mismo día en todo el país, la elección
del candidato único a presidente de la Republica.
Podrán
ensayarse los procedimientos previos que se quieran, los acuerdos
de cúpulas, los congresos representativos, o resolver
tirar una moneda al aire para definir quienes serán
los precandidatos que compitan en esa elección interna
por partido. El paso previo para la selección de los
precandidatos, es sin duda un resorte interno, en un sistema
constitucional y legal, en el que impedir la postulación
de un ciudadano de su partido que así lo pretenda,
no es posible si cumple con su Carta Orgánica.
Pero
el tema de fondo que incumbe a la nación toda, por
encima de la orgánica partidaria, es que cualquiera
sea el procedimiento de selección del precandidato
que se elija, sólo la ciudadanía será
quien deberá elegir uno de entre los postulantes de
cada uno de ellos, para que luego el mas votado, compita en
esa representación legitimada por la ciudadanía
desde la soberanía del voto secreto y garantizado,
en la elección presidencial de fines de octubre del
2009, que como hoy todos sabemos, tendrá segunda vuelta
definitoria un mes después.
Llegar
artificiosamente a una elección interna con un solo
candidato de todo un partido, donde hay varios contendores
notorios y en la que participará toda la ciudadanía,
le torna en un trámite devaluado y falsifica el procedimiento,
porque de lo que se trata es que la ciudadanía toda
pueda elegir entre varios candidatos de cada lema, sin que
ninguno quede por el camino por acuerdos cupulares que limitan
su posibilidad de opción.
En
un partido en el gobierno, que públicamente tiene una
puja interna descarnada y manifiesta en la que participa el
propio gobierno al más alto nivel, el mecanismo de
la elección interna que refleje esas precandidaturas
divergentes, no es solo constitucionalmente obligatorio, sino
políticamente imprescindible. Mucho más aun
cuando a pesar del tiempo transcurrido que ya se mide en años,
no ha encontrado la forma de elegir un nuevo presidente del
partido, ni individual ni en colegiado, aún cuando
el presidente actual lo ha solicitado públicamente
tantas veces.
Después
de la implantación de la elección interna nacional
abierta, todo ciudadano tiene el derecho a postularse y abrir
sus propias listas, con el requisito de cumplir las exigencias
de las respectivas cartas orgánicas del partido por
el que se postula.
Hemos
visto y oído en todos los medios en estos días,
la preocupación expresa de algunos sectores del Frente
Amplio con la eventualidad de tener que cumplir la constitución
y dirimir en una elección nacional como lo hacen los
demás partidos, quien será de entre sus postulantes,
el candidato único del Frente Amplio, que prefiere
denominarse fuerza política desde sus disímiles
texturas ideológicas.
Pero
eso es harina de otro costal. Lo cierto es, que preocupa que
se argumente por connotados dirigentes políticos del
Frente, que haya que evitar la elección interna a toda
costa para impedir enfrentamientos internos que dejen secuelas.
Bueno
ese es por lo menos un severo error conceptual.. Un temor
poco democrático. Ese desgaste de una contienda de
ideas y candidatos dentro de la línea ideológica
programática de cada partido, es una consecuencia natural
y no necesariamente negativa que resulta de los procedimientos
de elección democrática de los gobernantes o
postulantes a serlo en la Republica.
La
unidad no puede construirse sobre la base de la transgresión
de las reglas para angostar el derecho a elegir del elector,
que en este caso es toda la ciudadanía respecto a todos
los partidos, aun cuando cada ciudadano vote por el suyo como
debe ser. Toda elección tiene desgaste, pero además
toda elección es simultanea y nacional para evitar
-como ya ha sucedido- que en elecciones internas muy parejas,
partidos con estructuras orgánicas de cuadros rígidos,
incidan en la elección interna de otro partido contendor,
para seleccionarle el candidato que crea le resulta mas propicio.
Esto ya sucedió y fue posteriormente admitido por el
máximo operador político que lo impulsara.
La
garantía del sistema pasa por el cumplimiento de todos
de las normas que son generales, a todos aplicables, obligatorias
y no dirigidas a ningún partido en particular sino
a todos, impuestas por decisión de la ciudadanía.
No
es un buen mensaje republicano ver en una elección
nacional un riesgo.
Por
el contrario por inteligentes o ingeniosos que sean los acuerdos
y sus gestores, nunca tendrán la calidad, la legitimidad
y la pureza de los candidatos que son ungidos en una elección
nacional.
Por
estas horas de los 25 años del Río de la Libertad
en el obelisco, de lo que se trata es de tener presente ese
mismo espíritu, y confiar aun en la adversidad en que
la democracia en un estado de derecho, expresa en cada elección,
la voz de la nación y de la Republica, como expresión
directa del soberano. La libertad de elegir, es un derecho
inalienable del elector y como lo es de los candidatos, quienes
en uso de ese derecho deberán postular estilos, equipos
e ideas, pero desde la conjugación del principio formidable
que nos hizo nación: con libertad ni ofendo ni temo.
No
es republicano temer a una elección y a sus consecuencias.
Mucho menos preferir los acuerdos cerrados a espaldas de la
ciudadanía, coartando el derecho a elegir del ciudadano
como miembro de la soberanía de la nación.
Esto
lo sostenemos hoy ante la publicitada y algunas veces hasta
poco creíble confrontación interna del partido
en el gobierno, donde el espectro va desde la reelección
imposible hasta la puja y el agravio.
Pero
si esta situación se diera en otro partido del sistema,
sostendríamos exactamente la misma posición,
porque la artificiosidad de los acuerdos, no pueden desfigurar
el mandato constitucional claro y terminante, que exige una
elección interna para elegir el candidato único
por partido, para luego competir por la primera magistratura
del país, como lo es la Presidencia de la República.
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