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Detrás
del maquillaje ( por Scaravelli )
Sabido
es que gobernar una nación no es tarea fácil.
Lamentablemente no hay garantías de aptitud para conducir
la siempre compleja realidad nacional, quizás porque
las condiciones requeridas para el Bien-Gobernar no son necesariamente
las mismas que -recursos y mercadotecnia política mediante-
se requieren para lograr ser electo. El éxito de la
democracia tiene su máxima expresión cuando
los elegidos por la ciudadanía, tienen la capacidad
y la actitud sostenida de establecer equipos solventes y coordinados
para conducir a termino los temas de todos, desde los lineamientos
de un programa de gobierno serio y conocido.
Hemos
insistido desde estas páginas, sobre la importancia
de la oportunidad (el momento en que se actúa) y la
conveniencia (la eficacia de lo actuado), ambos presupuestos
esenciales de todo buen gobierno, pero estas condiciones guardan
directa relación con la idoneidad de los decisores.
Gobernar no es tarea exclusiva de tecnócratas, pero
tampoco puede ser la tarea de meros ocurrentes.
Por
eso elegir mediante el voto no es un acto mágico, sino
un derecho esencial e inalienable y una gran responsabilidad;
un método personalísimo de acción para
construir nuestro tiempo entre todos, pero al votar cada ciudadano
debe cumplir a conciencia lo que como tal le corresponde.
Lamentablemente no siempre ser electo es el resultado de un
concurso de oposición y meritos entre los candidatos
sino la consecuencia de una contienda de mercadeo político,
hoy más que nunca transformado en una técnica
más, casi igual que promover jabones, bancos o bebidas
refrescantes. Una técnica diferenciada por producto,
pero básicamente con el mismo fin y muy parecido instrumental
y metodología. La ciudadanía libremente elige
a quien le parece mejor dadas las circunstancias, pero el
desafío ciudadano siempre será elegir, mas allí
de la pasión circunstancial o la facilista solución
de seguir la corriente o la promoción de un producto
armado. En la condición de ciudadano es inadmisible
la prescindencia y la indiferencia, pues ambas son contrarias
a la esencia misma de la vida democrática y el deber
ciudadano. La mayor garantía de la democracia ? aunque
no la única- radica en tener una ciudadanía
libre, informada y participativa, con candidatos absolutamente
sometidos en la facilitación de esas premisas.
Se
acercan tiempos de decisión electoral. Una vez más
lo importante será votar no contra algo, sino a favor
de quienes mejor representan nuestras ideas y valores. Habrá
que resolver sobre solvencias, experiencias y expectativas.
Separar lo que parece ser de lo que en realidad es, para mejor
decidir. Cada vez más el ciudadano es abrumado por
campañas que buscan maquillar candidaturas, resaltar
virtudes y disimular defectos de unos y degradar las cualidades
del otro. Un peligroso accionar porque lo grave es que luego,
en el ejercicio del gobierno, ya no habrá maquillaje
que resista la intemperie de las dificultades cotidianas.
Por
eso es importante ver la propuesta y sus proponentes a cara
lavada, sin el maquillaje de la fanfarria de los afiches y
los espots que tapizaran nuestras calles y pantallas. No es
que está mal que así sea, pero apelamos a la
necesaria vocación y el interés ciudadano por
desentra?ar actitudes y las luces y sombras de las propuestas.
Hoy es fácil, mucho más que nunca escudriñar
temas o trayectorias, por lo menos con mediana profundidad.
Ya
no alcanza con frases hechas, si es que alguna vez realmente
alcanzaron para algo mas que confundir y mimetizar la realidad.
El
ciudadano debe exigir programas y la presentación de
personas acreditadamente solventes para los temas centrales
del país. Debe poder ver a los candidatos con sus equipos,
exigirles debates serios sobre todos los temas, y no solo
especuladas e individuales muestras de ingenio programado.
No
puede permitirse nunca más que los candidatos no debata
entre si.
Quienes
no están dispuestos a debatir con reglas claras con
sus contendores, demuestran no estar en condiciones de bien
manejarse ni en lo interno ni en lo internacional, ámbitos
imprescindibles e inevitables de construcción de acuerdos
en el intercambio de ideas y opiniones. Las mayorías
absolutas, el gobernar en solitario, la sumatoria del poder
en un solo partido en el gobierno y en el parlamento se dió
esta vez, pero todos sabemos que esa situación no se
repetirá más en un futuro próximo gane
quien gane la elección. Las condiciones para gobernar
el país que viene y en las ecuaciones de poder que
vendrán requerirá de condiciones personales
que deberán quedar de manifiesto al tiempo de elegir
y para todas las funciones.
Desde
esa premisa hemos venido trabajando todos estos años
con nuestro Grupo de Análisis Político, para
ofrecer al país una propuesta seria y técnicamente
informada, construida desde el trabajo continuo, analizando
realidad, interpretando encrucijadas, diseñando y dando
respuestas idóneas y de buena fe, aun cuando la elección
era todavía un punto lejano en el horizonte. La democracia
representativa con pluralidad de partidos, es la única
forma legítima de gobierno para los hombres y mujeres
libres, pero estos tienen el derecho-deber de decidir desde
la mayor información y más allí de cualquier
maquillaje en una campaña electoral.
Como
la realidad es cambiante, lo permanente serán siempre
los estilos y los principios. El cambio adecuado es esencial
cuando parte del respeto y valoración de lo existente
y sus meritos y es realizado a tiempo y en la dirección
correcta. La velocidad de acción es un valor, siempre
que no nos aleje del camino mejor. Cambio y velocidad en la
dirección errada, solo nos alejan más y más
velozmente de la mejor solución a nuestros problemas
y del mejor futuro. Conviene recordarlo.
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